Elucidario sentimental navideño

No me obligue a ir de retiro: corro el riesgo de quedarme allí hasta que muera.

No me obligue a abrir de par en par la puerta del Amor, porque ya no podré cerrarla y quedaré preso en el infinito afuera.

No me obligue a rezar de veras: moriré de pena por no estar junto a Él. Moriré porque no muero.

Y volveré a la vida sin vivir en mí.

¿Por qué Te he descubierto? ¿Por qué me llamas?

¿Por qué juegan ustedes, clérigos, a despertar el Fuego Eterno? ¿Quieren abrasarnos?

No, nos dan a Dios a poquitos, suavizado con sermones y teologías; aguado con oraciones de loro y contriciones de burgués medio arrepentido: ¡no toques el Dinero del burgués, Cristo!

¡Estás loco! Cristo no hables de libertad, les aterra quedar atacados de epilepsia como Fyodor; les aterra y se moderan, todo en su medida: esa monstruosa mentira pagana.

Nada en su medida.

Hablan de amar sin medida como quien profana una tumba o viola a un niño.

¡Qué sabrán ellos, oh Cristo, de medidas!

Toman medidas para que no nos volvamos locos, como Tú.

Locura de la Cruz: una enfermad que hay que prevenir desde el púlpito.

Y no contagiar desde las comunidades. Asco y pena, mediocres.

¿Cómo pude soportar mi destierro madrileño, separado de ella? Trabajando como un protestante y bebiendo como un católico. Trabajo y alcohol como lenitivos del desgarro.

No quería, todavía, morir porque no moría. No podía vivir sin vivir.

-Otro whisky, cojones, otro. ¡Y sirva aquí a los señores y señoritas, coño, más copas!

Más horas, más esfuerzo, más trabajo, más anestesia, por favor.

-Otro whisky, caballero.

Es para olvidar que vivo roto. No me entiende usted. Yo, tampoco. ¿Qué habré hecho para merecer este despeñarse? ¿Por qué enfrentarme al Abismo sin preparación previa?

-Nadie está nunca preparado, hijo. Confía. Cree y espera.

Dios, no, no me lleven de retiro, no me prohiban tampoco estar horas en la presencia de Aquel que me entiende y me cobija y a Quien yo no entiendo, ni quiero entender.

Déjenme en paz con Él, se lo suplico. No quiero ser sociable.

No quiero amigos. Tengo El Amigo.

Porque, miren, la alternativa -no hay otra- es que me pida otro whisky y me vaya de putas. Porque entraré con ellas, por delante de todos, en el Reino de Mi Amigo.

No me obliguen. Déjenme en Paz.

Sí, la Paz del Cementerio, la Paz del lugar más vivo del Universo.

Amén.


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