La guerra del aborto

Tengo la suerte, y el honor, de trabajar ahora en una novela sobre la vida de un militar retirado, de cuyo nombre no debo acordarme aquí. Es un proyecto bonito: te cuenta el personaje su experiencia vital y uno la redacta, como novela de misterio en este caso, y se entera de cosas interesantes.

Este militar había escrito sus memorias, en primera persona, con todo detalle. Pero en ese estilo impersonal, frío, de los partes de guerra y de los informes para el mando.

-¿Usted puede convertir esto en una novela de fácil lectura? -me preguntó.

-Por supuesto. Sin embargo, hay muchos tipos de novela y tenemos que hablar largo y tendido -respondí.

-Una de misterio, de intriga, ¿cómo las llaman en su gremio?

-¿Un “thriller”?

-Eso es, sí. Lo había olvidado.

(Otros clientes quieren una saga familiar, con su trama a lo Wilkie Collins -“Nuestra familia tiene una historia increíble”, te dicen- o una biografía solemne del abuelo, o una hagiografía del fundador de la empresa. En fin, cada cual lo suyo, naturalmente).

Operaciones oscuras de la CIA

Me puse manos a la obra hace unos meses. Nuestro hombre había pertenecido al SECED, el servicio secreto del ejército, y había viajado bastante. Me sorprendió que conociese al general Vernon Walters, de fama incierta por su participación en múltiples golpes de estado y operaciones oscuras de la CIA, y que murió de forma misteriosa en 2002.

-Bueno, teniendo en cuenta que el libro voy a firmarlo yo, no hable usted de Walters.

-¿Y de Patton, McCarthy, Forrestal o Buckley?

-Tampoco.

-Bien, usted paga y manda. Pero sabe que escribo en Actuall ¿puedo contar algo ahí?

-Brevemente, sin dar nombres y sin comprometerme.

-Así lo haré.

Y así lo hago.

Sirva de introducción un fragmento de este artículo de J.I. Torreblanca en El País:

“Para nuestra desgracia, esta violencia sexual ocurre en todos los países que están en guerra. De acuerdo con cifras de la ONU, hoy, en pleno siglo XXI, en la República del Congo han ocurrido alrededor de 200.000 violaciones, una cifra similar a la ofrecida para Ruanda. Recordemos que, en el corazón de la Europa educada, la violación también fue un arma de guerra interétnica en el conflicto de la antigua Yugoslavia, donde se estima que entre 20.000 y 50.000 mujeres fueron violadas”, señala Torreblanca.

A esta barbarie hay que agregar: el aborto selectivo de ninas, los crímenes de honor, el tráfico de mujeres con fines de explotación sexual o la mutilación sexual, que afecta a 130 millones de mujeres.

La violencia sexual ejercida contra las ninas y las mujeres en las zonas de conflicto ha sido tan abrumadora que en su Resolución 1.325 de 31 de octubre de 2000, la Organización de Naciones Unidas hizo visible por primera vez la necesidad de una protección explícita y diferenciada para las mujeres y las ninas en escenarios de conflicto, así como la contribución fundamental que las mujeres hacen y deben hacer en lo relativo a la resolución de conflictos y la construcción de la paz.

Muertes de provida

Sin embargo, la magnitud de lo que aquí se denomina “aborto selectivo” es desgraciadamente apocalíptica. La palabra “selectivo” minimiza el drama y el crimen. La humillación de la mujer por dar a luz al hijo del enemigo es una excusa tribal que puede ser relevante en pocos casos. Lo que sí es relevante, y mucho desde el punto de vista económico, es el negocio de las drogas abortivas. Un negocio paralelo al de la venta de armas y, en algunos casos, aún más lucrativo.

Las armas se usan y se destruyen y se compran más armas que se vuelven a destruir y se compran más armas… El mecanismo financiero perfecto: un producto que necesita constante reposición. El negocio del aborto funciona de la misma forma: la violación como arma de guerra y los abortivos químicos; más mujeres violadas, más abortivos. El ejército rojo ejerció masivamente esta violencia contra las mujeres alemanas. Y, lamentablemente, también los americanos, según denunció el general Patton.

Recordemos que en la URSS el aborto era legal. Y en China, la política del hijo único fue un paraíso para las multinacionales europeas y norteamericanas del aborto. Planned Parenthood es una broma en comparación con este negocio “farmacéutico”. De hecho, puede ser una pantalla: se denuncia algo, se permite denunciar algo, para que lo gordo no salga a la luz.

Mi cliente no quería hablar de esto. Supongo que tiene “in mente” las misteriosas muertes de fervientes cristianos pro-vida como los citados antes.

Y no se me permite decir más.


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